domingo, 14 de abril de 2013

LITERATURA INFANTIL SEGÚN FELIPE, EL BARDO


Todos los recuerdos más significativos sobre la lectura y yo se plasman en  un mismo lugar. Fue allí, en casa de mis abuelos donde tengo el primer recuerdo sobre la lectura. Tenía unos cinco años cuando ya nombraba el abecedario y leía algunas palabras. Andrea, mi hermana mayor me enseñaba. 

La casa de mis tatas, como todo hogar de abuelo y abuelita, tenía una antigua "biblioteca" llena de libros y una parte colapsada de tanto adorno. En la parte baja, habían muchos libros. Mi tío, que en ese entonces era profesor, conservaba muchos textos. Por lo que de manera intrusa, y con mucha curiosidad, teniendo unos siete años, tomé la obra de C.S. Lewis, "Las crónicas de Narnia" El león, la bruja y el ropero. Las palabras "Narnia-Bruja y Ropero", marcaron un precedente importante en mi iniciación lectora, y es que fue en un invierno cuando en la pieza de mis abuelos, la más iluminada, leía muy afanoso el libro. Me preguntaba cómo era posible que existiesen tales criaturas, palpitaba imaginando ese mundo y las ilustraciones me enloquecían imaginé y respiré esos lugares.

Quise iniciar con estas anécdotas para concluir que a mis treinta años, he vuelto a leer muchos libros que leí cuando era pequeño. Provocaron en mi hermosos recuerdos, reforzaron mis imágenes mentales y me llevaron a descubrir textos ocultos. La literatura infantil es como un grifo, la abres y sale un líquido inigualable, propio de los textos impetuosos de los niños y las niñas, compuesto de magia, alegría, tristeza y valores. Un buen mediador de la literatura infantil es quien encanta y se reencanta con ella, es quien viaja sin límites y no teme a subir mucho más allá. Es quien se sensibiliza con la simpleza, con la inocencia de los pequeños. 
La literatura infantil es el primer andamio de la construcción del intelecto.



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