viernes, 17 de mayo de 2013

¡NO! ESE LIBRO, ¡NO!



En situaciones varias nos hemos enfrentado a la palabra ¡NO!, sobre todo a situaciones referidas a las artes en general.

La literatura, entendiéndose como expresión artística, no ha estado exenta de censuras. Inclusive, la LIJ que como concepción universal en décadas anteriores, abordó los temas apropiados y "correctos" ligados a ideas y valores que el contexto social, político o cultural determina, no ha logrado desenmarcarse de la censura.
Pero… ¿Quiénes podrían escribir temáticas no políticamente correctas en la literatura infantil? ¿Será posible que existan productores capaces de abordar temas “no adecuados para niños y adolescentes”? ¿Es apropiado en términos sociales consignar temáticas tales como la violencia, la sexualidad, el incesto, el femicidio o el suicidio en la literatura infantil y juvenil?

La literatura, como cualquier obra de arte tiende a ser subjetiva con diversas interpretaciones. Cuando estas interpretaciones se unifican y deciden sobre lo correcto e incorrecto produce censura. No obstante, ¿Es justo?.


Por un lado, pienso que  cuestionar lo que es correcto o no, como temáticas para la LIJ  es subestimar, encasillar o estigmatizar lo que pueden leer los pequeños lectores, como si su capacidad fuese limitada e inferior. Pero por otro lado, debiese existir un esqueleto o estereotipo estructural sobre las formas de abordar ciertos temas y las habilidades que debe poseer el lector para comprenderlo.
Al respecto, comparto  la idea de Zohar Shavit al explicar que la literatura infantil sufre restricciones que están condicionadas por la idea de “infancia prevaleciente” según el contexto histórico del momento. Esta condición responde  a dos ajustes: lo que la sociedad considera apropiado y las habilidades que tienen los niños y niñas para leer y comprender las temáticas. Implica entonces mostrar y ocultar ciertos temas, vale decir, en cierta medida, censurarlos.


Opino que los temas apropiados o inapropiados no debiesen valorarse por la manera en que la sociedad concibe los temas “tabú” sino cómo metaforizamos esta temática. Tanto preocupa el mensaje de los textos infantiles, que en cierto modo la subjetividad los acoge y las sociedades los agrupan. Jorge Larrosa señala que "Todo relato, toda ficción, puede leerse desde el presupuesto de que contiene una enseñanza, aunque la enseñanza que presuntamente se derive de su lectura no agote todas las dimensiones de la obra"   Quisiera comparar esta idea de Larrosa con la literatura para adultos, pues resulta ser que las enseñanzas de la literatura para “grandes” y el escaso lenguaje metafórico, nunca ha sido cuestionado en las obras literarias por ellos, si no más bien, la subjetividad ya no se agrupa, es más libre. Pero ¿Por qué se hace tal diferencia si consideramos que toda obra pretende una moraleja o significado conceptual?  Los temas tabú existieron, existen y existirán, por consiguiente, la lucha para censurarlos, como si fuese parte de la condición humana, estará siempre presente.

Varias obras han debido superar las barreras de la discriminación, la negación, incluso muchas de ellas se han adjudicado gratuitamente características que representan más bien prejuicios.

Alicia en el País de las Maravillas fue un libro censurado por varias razones. En China, por ejemplo,  fue censurada por la simple razón de que los animales que aparecen en el texto estaban humanizados, y eso es inaceptable en el contexto social de una región en ese país. También, la misma obra fue censurada en algunos lugares  por fomentar la burla hacia los adultos. La parodia y la ironía hacia el mundo de la adultez es un ejemplo donde Carroll expresa que la vocación pedagógica- moralizante que los adultos desean darle a la literatura infantil es la búsqueda de una enseñanza constante, una moraleja existente. Cuando muchas veces, quizás, simplemente no las hay.

Harry Potter, una obra más contemporánea, también ha sufrido apelativos bastante injustos. Se le acusa de fomentar la magia oscura, el ocultismo, la brujería, el satanismo, entre otros calificativos.
Me parece increíble que en ciertas localidades de países desarrollados como  Estados Unidos, la brujería sea  aún un tema tabú. Paradójico resulta ser esta situación  considerando que todo respecto a brujas es parte de la idiosincrasia de sus colonos ingleses y aceptados con tanta pomposidad cada 31 de octubre en Halloween. Rowling vivió en carne propia lo que podría haber sido quemarse en la hoguera.



Profundizando más allá de los alegatos que intentan censurar la literatura infantil, es más triste y terrible  cuando realmente los libros son quemados. Es el caso del libro de Elsa Bornemann “Un elefante ocupa mucho espacio”. En plena dictadura en Argentina fue censurado según decreto de ley por promover subversión debido al mensaje que dejan los animales en huelga hacia un domador (poder). Resulta descabellado, pero el contexto político y social así se concebía y peor aún, así lo metaforizaba.




Para finalizar, debo hacer una crítica hacia la crítica que todos los lectores podemos atribuirle a un libro leído. Según mi opinión es más valorable formular críticas desde el punto de vista de la  estética de un libro, al análisis del abordaje temático y los recursos que utiliza, por sobre lo apropiado o inapropiado de los temas que trata.

FUENTES

" Harry Potter vence la censura en EE UU" (Oct. 2000) 
http://elpais.com/diario/2000/10/29/cultura/972770403_850215.html
 "Intentan censurar a Harry Potter" (2006)
http://www.tauzero.org/2006/12/intentan-censurar-a-harry-potter/

"25 Libros clásicos que han sido censurados y razones" (2009)

"¿Por qué la literatura es también para los niños" (2009)

 " Los libros infantiles prohibidos por la dictadura militar en Argentina. Fragmentos del fascículo: Un golpe a los libros (1976-1983)" (2001)


"Un elefante ocupa mucho espacio, la censura en la dictadura" (2011)

http://www.lecturalia.com/blog/2009/12/06/los-libros-mas-censurados-de-la-historia/