No cabe duda que, el acto de leer en voz alta es todo un mundo por
descubrir. Es una acción llena de vaivén, la cual se puede prolongar en las
cabezas de nuestros oyentes o bien fracasar.
Planifiqué, por tiempo, una actividad para
pocos oyentes la que se constituyó por damas en su totalidad a pesar que había
dos varones invitados. Al parecer no quisieron sacrificar la mañana del día
sábado.
Antes de la actividad. Preparé un espacio adecuado para las
oyentes, pertenecientes a un rango etario de 12 años promedio. El libro para
animarlos fue el libro álbum “Los misterios del señor Burdick” de Chris Van
Allsburg.
Previamente el espacio estaba estructurado de manera acogedora;
cojines, un tapete y un sofá. Posteriormente se iniciaría una actividad con una
proyección digital sobre el libro. Este armatoste estaba encima de una mesa, y
temí distracciones, sin embargo, nada de ello ocurrió.
Ensayé la lectura para evitar tropiezos pero igual hubo errores,
nada grave por cierto, quizás fue un poco de nerviosismo. De todos modos me
sentía seguro, pues este libro álbum me
causa placer lo que prohibía concentrarme aún más en si lo hacía bien o mal. En
todo momento quise traspasar la energía del libro y lo logré, pues la
planificación cumplió con mis expectativas y más.
En un principio pensé que podría ser plano, pues la introducción
del libro presentaba inmediatamente a tres personajes y podría provocar enredos
al oyente. Me di cuenta, luego de haberlo hecho, que no era necesario
preguntarles por cada personaje aún así respondieron atentas. En ese momento
reflexioné sobre mi objetivo trascendental: generar gozo al escuchar lecturas, y no precisamente
evaluar la capacidad comprensiva de mi audiencia, por suerte me contuve.
La audiencia quedó sorprendida por la ilustraciones que, en este
libro álbum, son su fuerte. Las pausas fueron más intensas a medida que
transcurrían las ilustraciones, los títulos y los epígrafes. Cada una de ellas intervenía
muy atenta, observaban, leían e interpretaban. Deducían basándose en el
complemento imagen-texto. Formulaban hipótesis. Estaban conectadas.
Los conocimientos previos que me ayudaron a la realización de la
actividad fueron sin duda:
- Haber
leído sobre los intereses de los niños o jóvenes según las etapas piagetanas
que fundalectura retoma. El misterio fue clave para estimular el pensamiento
hipotético-deductivo.
- Seleccionar
un libro álbum que me causara placer y cumpliera con los requisitos
anteriormente expuestos. Pues aseguraría el traspaso del placer al leerlo y la energía
que creo la audiencia captó.
- Retomé
lo exitoso y fácil que es trabajar la comunicación oral en grupos pequeños.
- Quise lograr una vinculación de tipo afectiva
con la audiencia al acercarme hacia ella, propiciando un ambiente cálido, etc.
Obtengo de esta actividad varios
aprendizajes. Primeramente prepararme para un grupo más grande, pues resultó no
tan estresante. En segundo lugar, reflexioné sobre mi propia práctica pues al
ver la evaluación de la audiencia me di cuenta que debo acercar más el texto. Otra
situación que llamó mi atención fue que el medio audiovisual (la proyección digital) después de la lectura estuvo
de más. Al finalizar se les pidió a los oyentes que recrearan un cuento basándose
en alguna ilustración, en lo posible observando las diapositivas. Decidieron tomar
el texto como objeto y observar las ilustraciones desde ahí. Aprendí que la
apreciación sobre la obra no pasa por lo que se muestra y se observa, sino
sentirla o tocarla.
No hay comentarios:
Publicar un comentario